Liberación/Abandono

 

 

- “Vengan a mí los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11, 28-29), dice Cristo, quien a su vez, se abandona en las manos del Padre.

En S.A.L.M.O.S, Liberación/Abandono es el ejercicio progresivo, continuo e integral de “distancia interior” y dejamiento (de toda creatura, pensamiento o deseo ilusorio) del que participa el itinerante en el Camino Espiritual. 

Al Sentarse y practicar la Atenta Presencia, el itinerante abandona día a día cualquier búsqueda egoísta y se lanza, libre de toda atadura, a la presencia amorosa de Dios, Quien le habita.

 

El falso “yo”, cargado de apegos, deseos, ansiedades y esquemas, conduce a que la ira, la vanidad y la avaricia se conviertan en estilos de vida, que ocultan el tesoro de amor, paz y felicidad originales de la persona humana.

Cristo libera a la humanidad de todo cuanto le ata o le impide vivir en la libertad del Espíritu; es necesario abandonarse en Él con un movimiento amoroso hacia su presencia, que habita en el propio interior.

Abandono que se convierte en liberación de cuanto no se es y en recuperación de la “libertad de los hijos de Dios”.

"… las pasiones no son, en sí mismas, negativas, sino que es negativa su tendencia egoísta y, por tanto, el cristiano debe liberarse de ella para llegar a aquel estado de libertad positiva que la Antigüedad cristiana llama «apatheia», el Medioevo «impassibilitas» y los Ejercicios Espirituales ignacianos «indiferencia».  … La doctrina de aquellos maestros que recomiendan «vaciar» el espíritu de toda representación sensible y de todo concepto, deberá ser correctamente interpretada, manteniendo sin embargo una actitud de amorosa atención a Dios, de tal forma que permanezca, en la persona que hace oración, un vacío susceptible de llenarse con la riqueza divina. El vacío que Dios exige es el rechazo del propio egoísmo, no necesariamente la renuncia a las cosas creadas que nos ha dado y entre las cuales nos ha colocado. No hay duda de que en la oración hay que concentrarse enteramente en Dios y excluir lo más posible aquellas cosas de este mundo que nos encadenan a nuestro egoísmo… San Agustín dice: Si quieres encontrar a Dios abandona el mundo exterior y entra en ti mismo; sin embargo, no te quedes allí, sino sube por encima de ti mismo, porque tú no eres Dios: Él es más profundo y grande que tú…”


                                                                                            (Carta sobre la Meditación Cristiana, Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe).

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